Poema para bordar un poema

Sujétese bien el hilo por el cual transitará el poema
elíjase con cuidado y paciencia
-previniendo futuros embates del clima-
un hilo que sea impermeable y firme
cuyas fibras estén lo suficientemente integradas
pero no tanto como para negarle espacio a la duda.

El color o el tono
deberá ser coherente a su impulso de confección
no se deje ganar por el simbolismo
y átese un poco la mirada
pero no tanto como para ignorar aquella luz
que se abre paso entre las hebras.

Sangre en el proceso de bordado
no escatime con los riesgos
deshágase del dedal y la aguja punta roma
perfore la tela con sus palabras
hasta que quede la muñeca entumecida
y si es necesario creer en algo
ponga toda su fe en que el dolor es el camino
y no tema cuando piense que el poema
es también un trapo, un mantel o un pañuelo
y no goce
si el poema
se convierte en bandera
sin haber conquistado patria alguna.

Anúdese débilmente la letra última de la palabra final
para darle una oportunidad al olvido
y restarle peso a la trascendencia
porque sacarle brillo a un zapato
también es una acción importante.

Agite el poema por la ventana en señal de despedida
seque con él todos sus afectos
lave el poema en ciclo delicado
póngalo a secar bajo el sol.


Karina Valcárcel

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